domingo, 23 de octubre de 2011

16. "Te besó."

Sin saber qué hacer colgué y antes de que pudiera siquiera pestañear una lágrima resbaló por mi mejilla.

Había una mujer con Michael. Una mujer que le había preguntado sobre un baño con burbujas… Podía ser perfectamente una de las asistentas pero Michael era un hombre muy guapo, ¿por qué iba a conformarse conmigo pudiendo tener a la mujer más hermosa del mundo?

Aquella noche no volví a pegar ojo y cuando la enfermera de la mañana me ofreció el desayuno me negué a tomar un solo bocado. No tenía fuerza ni para estar sentada, así que pasé horas y horas acostada en la cama, dándole la espalda a la puerta.

Michael llegó a las diez de la mañana, pero la verdad es que no sé si me alegró que cumpliera su promesa de visitarme. En cuanto oí que su voz pronunciando mi nombre al entrar cerré los ojos e hice que dormía. Se sentó en una silla a mi lado y me miró durante unos minutos que se me hicieron eternos. De vez en cuando oía algún que otro suspiro o cómo crujía la silla en la que se encontraba pero no me moví en ningún momento.

Sonó su teléfono y rápidamente se levantó para contestar.

-Tatiana, ¿qué quieres? Sí, estoy en el hospital. Ya te lo dije anoche: No sé cuándo podré irme. Sheila está dormida así que no sé si esperar a que se despierte… Me imagino que no puede tardar mucho. –Decía mientras caminaba de un lado para otro de la habitación. -Sí, ya sé que esta tarde querías que fuéramos a casa de mi madre. No te preocupes por eso. Vale. Tatiana creo que te he dejado las cosas muy claras. Sí. Vale, adiós, nos vemos más tarde. –Se despidió.

No sabía si podría disimular de manera que no notara que estaba a punto de llorar, así que decidí no arriesgarme y cuando Michael se dio la vuelta yo ya estaba sentada con los ojos enrojecidos y los brazos caídos con desgana.

-Puedes irte con tu amiga, no te preocupes. Seguro que te preparará un baño con burbujas excelente, como anoche. –Esto último lo dije en tono despectivo, como un hachazo.

-Pequeña, ¿estás bien? –Preguntó acercándose a mí para cogerme la mano, pero yo la aparté antes de que le diera tiempo.

-Encima tienes la cara de preguntarme si estoy bien… -Las lágrimas salieron a borbotones sin poder evitarlo.

-No pensarás que ella y yo…

-¿Que ella y tú qué? Joder, Michael, es tan obvio. Seguro que es una mujer hermosa. Ya sé, lo que pasa es que has encontrado a alguien mejor y como estoy en el hospital te da penita decírmelo, ¿verdad? –Le reprochaba casi gritando.

-Eh, eh, eh. Para. –Cogió mi cara entre sus manos. –No hay nadie mejor que tú, ¿me oyes? Jamás encontraré a una mujer que consiga hacerme sentir como tú lo haces. Princesa, no puedo vivir sin ti y no hay nadie más hermoso que tú. Me llenas, consigues que me olvide de todas mis penas con tan sólo una sonrisa. Te amo, ¿me entiendes? Te amo y lo sabes… Y después de todo eso, ¿pretendes que encuentre a alguien más maravilloso que tú? No creo que haya una persona que sepa mejor que yo lo que es amarte y por eso no te remplazaría jamás. Y menos por la primera que pase por delante.

Entonces le besé y las lágrimas de mis mejillas soldaron nuestros labios.

-¿Quién es Tatiana? –Pregunté con un nudo en la garganta una vez nos separamos.

-La actriz del video de The way you make me feel… -Explicó con dificultad. –pero te juro que no hay nada entre nosotros.

-¿Y qué hacía ayer en tu casa? ¿Por qué te ha llamado? Y, ¿cómo es que va a conocer a tu madre antes que yo?

-Tú ya conoces a mi madre. Sabes que cuando eras enana te adoraba… Ella era la única que no quería que nos separaran. Se acuerda mucho de ti, por cierto. –Hizo una pausa esperando que dijera algo. –Ayer apareció sin decir nada en mi casa y quiso prepararme un baño. Pero te prometo que no me metí, era muy tarde y no me apetecía… Y hoy me ha llamado porque es muy pesada. No sé cómo sacármela de encima, hace años que grabamos ese vídeo y está empeñada en mantener el contacto conmigo. Supongo que pasar el tiempo que duró el Bad Tour juntos hizo que me cogiera cariño.

-Te besó.

-¿Qué? –Se sobresaltó.

-Lo recuerdo. Te besó en un concierto. ¿Acaso eso no significa nada?

-Apenas fue un leve contacto… Y fue cosa suya, lo planeó sin consultar a nadie. En el backstage se llevó una bronca por parte de varias personas.

-Osea, que está enamorada de ti. –Aclaré.

-Bueno, tanto como enamorada no sé… Pero dejemos de hablar de ella, no merece la pena. ¿Qué tal has dormido?

-No he dormido. ¿Tú te crees que después de…

Fui interrumpida por su teléfono, que volvía a sonar.

sábado, 15 de octubre de 2011

15. "Quiero irme a Neverland."

-¿Qué ha pasado? –Pregunté a Michael al cabo de un rato.

-Te has caído por una ladera.

-Eso ya lo sé. ¿Qué ha pasado después?

-Me sentía fatal por el hecho de que no me creyeras y después me di cuenta de que te había dejado sola… Quiero decir, tu padre tiene razón. Estás aquí por mi culpa, debí haberme tomado mejor que no me creyeras… -Declaró con tristeza en su voz.

-¿Qué? ¿Estabas despierto?

-Ajá, sólo fingía.

No pregunté por qué, era obvio que no quería que mi padre le diera de hostias. Porque eso era lo que haría si le viera despierto.

-Michael, siento no haberte creído. Estaba nerviosa y tenía miedo… Son muchos recuerdos, no sé.

-Yo sí que lo sé. ¿Recuerdas cómo corríamos por el patio de mi casa? ¿Y cuando nos escondíamos de los mayores para que no me llevaran a ensayar? –Dijo gesticulando y sentándose en el borde de la cama mientras dibujaba una sonrisa en su rostro.

-¡Claro que lo recuerdo! Eras muy bueno escondiéndote. –Recordé con nostalgia.

Estuvimos un rato rememorando tiempos mejores. Nos lo pasamos genial y quería que fuera así durante mucho tiempo. Quería que nos lo pasáramos bien juntos por muchos años.

-Michael, quiero irme contigo y que vivamos juntos en Neverland.

-No. –Contestó serio.

-¿Qué?

-Aún no. Tienes que quedarte un tiempo en el hospital descansando y luego ya veremos… Nadie quiere más que yo que te vengas a Neverland. Ahora duerme, yo tengo que salir a hacer unas cosas…

Y mientras él cantaba The lady in my life casi en un susurro, yo iba cayendo en las garras del sueño poco a poco.

And I will keep you warm

Through the shadows of the night.

Let me touch you with my love,

I can make it feel so right.

And baby through the years,

Even when we're old and gray,

I will love you more each day.

Cause you will always be the lady in my life.

Me dormí con esa preciosa estrofa en la cabeza y disfruté de horas de serenidad, hasta que la enfermera irrumpió en mi habitación y en mi cabeza para despertarme y pedirme que cenara algo.

-¿Dónde está Michael? –Pregunté con la boca llena.

-Me ha dicho que vendría mañana, que no podía quedarse por la noche. Por cierto, ¿qué tal os va? ¿Y para cuando los niños? –Preguntó con una amplia sonrisa. –A Michael le encantan los niños.

-¿Qué? –Estaba desconcertada.

-Hacéis una pareja muy bonita.

-Pero nosotros no…

-Tranquila, no tienes que fingir delante de mí. –Y sin darme tiempo a decir algo salió de la habitación con los platos de comida vacíos.

Aquel momento me hizo pensar en cómo se podría definir la relación que existía entre Michael y yo. No habíamos acordado en ningún momento que fuéramos una pareja, pero nos habíamos besado y nos queríamos. Íbamos a vivir juntos (o eso pretendía yo) pero no habíamos hablado de tener hijos ni de casarnos. Ni siquiera sabía si dormiríamos en la misma cama o si, por el contrario, cada uno tendría su habitación.

Me fui por las ramas y empecé a quedarme dormida de nuevo, así que pensé que podría hablar todo aquello con Michael a la mañana siguiente, cuando volviera.

Una horrible pesadilla en la que me encontraba encerrada en una diminuta habitación por toda la eternidad me despertó con un grito que, gracias a dios, nadie oyó. Miré el despertador que había en la mesilla de noche y a duras penas, gracias a la luz que se colaba por la ventana, pude ver que eran las tres de la mañana. En mi móvil habían tres llamadas perdidas de Michael hacía una hora así que aunque era tarde decidí llamarle alertada por lo tarde que era.

-¿Si? –Oí que contestaba después del cuarto pitido.

-Michael, ¿estás bien?

-Sheila, es tarde. Sí, estoy bien. ¿Qué pasa? –No parecía que estuviera durmiendo, es más, le notaba muy despierto.

-Tengo tres llamadas perdidas tuyas de hace una hora.

-Pues yo no te he llamado… -Se quedó un momento pensativo. –Habrá sido Bubbles, ya sabes que le encanta jugar con mi teléfono. Duerme anda, que iré a verte por la mañana.

-Michael, ¿quieres que le ponga burbujas a la bañera? –Oí que decía una risueña voz femenina por detrás.

Y me quedé paralizada.

domingo, 18 de septiembre de 2011

14. "¡Ni Sheila ni leches!"

Abrí los ojos y un fondo blanco apareció ante mí. Era el techo de la habitación del hospital en el que me habían ingresado.

-Cariño… -Oí decir a mi madre antes de desmoronarse y empezar a llorar.

Miré a los pies de la cama y vi a mis padres casi abrazados consolándose el uno al otro. Y más atrás, en el fondo, Michael dormía en un sofá.

-¿Papá? ¿Mamá?

-¡Hija mía! –Exclamó mi madre y se abalanzó para abrazarme.

Mi padre se acercó lentamente y me besó en la frente.

-Hace dos años que no sé nada de ti. ¿Por qué no me has llamado siquiera? –Oí que decía por encima de los sollozos de mi madre.

-Lo siento, estaba demasiado ocupada en recuperar mi vida. Podías haber llamado tú, ¿no? Pero supongo que mamá te habrá contado todo con lujo de detalles en qué se han basado estos dos últimos años en los que ni te has preocupado por mí, así que tanto como no saber nada de mí tampoco… -Le dije con rencor.

Vale, era mi padre. Y si, hacía dos años que no le veía. Pero me daba igual, él se había enfadado cuando decidí no acatar sus órdenes y tomar mi propia decisión, no había aprobado que me fuera con Michael, la persona a la que ahora amo, y su orgullo le impidió llamarme siquiera una vez para saber si mi depresión iba en aumento, si necesitaba que me trajera algo del supermercado o si me apetecía salir a tomar el aire. Él había renegado de mí ahora el rencor me hacía renegar de él.

-Sheila, cariño, podemos irnos. Quiero decir, la enfermera me ha dicho que sería conveniente que te quedaras un par de días más pero que si corre prisa podías irte ya. Nos vamos sin despertar a Michael y desaparecemos. Al fin y al cabo esto ha sido por su culpa…

¿Qué coño estaba diciendo?

-Papá, sal de esta habitación antes de que me hagas gritarte y despierte al ángel que descansa en el sofá. El que me ha sacado de la ladera y ha llamado a una ambulancia. –Esto último no lo sabía a ciencia cierta pero, ¿quién más podía haber sido?

-Pero Sheila…

-¡Ni Sheila ni leches! –Grité. – ¿Eres imbécil o qué te pasa? ¿Te crees que puedes olvidarte de mí cuando lo estoy pasando mal y un día aparecer por las buenas y decirme “yo te quiero mucho, ven conmigo”? Pues no, señor. Me pienso quedar aquí, vosotros os largaréis y cuando Michael se despierte pensaremos lo que vamos a hacer. Él y yo. ¿Y sabes por qué? Porque le quiero.

A estas alturas ya estaba sentada y con el corazón en la boca. Mi madre se había sentado en una silla y escuchaba en silencio. A papá le dio otro ataque de orgullo y salió por la puerta gritando:

-¡Pues si es lo que quieres allá tú!

-Sí, es lo que quiero. –Susurré.

-Muy bien, hija. Estoy orgullosa de ti. Nunca dejes que tu padre ni nadie te pise, porque eso te hace pequeña y tú eres muy grande. –Me besó en la mejilla y se levantó.

-Adiós, mamá. Te quiero. –Dije mientras se daba la vuelta.

-Yo también. –Oí que decía antes de cerrar la puerta. Y me quedé mirando en esa dirección, pensando en si me habría pasado con mi padre o si, por el contrario, se lo merecía.

-Tranquila, has estado genial. No te has pasado para nada. –Oí una voz a mi lado.

Miré a la derecha de la cama y vi a un Michael tan sonriente que parecía haberle tocado la lotería.

martes, 13 de septiembre de 2011

13. "No puedo decir adiós."

-¿Recuerdas esa expresión que te gusta tanto? La de que te sientes como una extraña en Moscú. –Preguntó Michael sin moverse.

-Claro, sabes que me encanta esa expresión. Me recuerda a un viejo amigo… Uno de la infancia.

-Ya, lo sé.

-¿Te acuerdas de la primera vez que te la dije? –Le interrumpí sonriendo levemente, sin llegar a reír ya que había sido en el hospital y bueno, aunque ya no sufriera por su pérdida seguía recordando a Mark. –Te quedaste helado. Creí que no me habías entendido.

-Ajá… De eso era de lo que quería hablar. ¿Recuerdas ese amigo tuyo que lo decía? Del que te alejaron porque era una mala influencia para ti…

¿Le había contado yo eso? No lo recordaba.

-Claro, estoy casi segura de que fue mi primer amor. Aunque sólo éramos unos enanos. –Reí y suspiré.

-Soy yo.

-¿Qué? No me tomes el pelo Michael, es imposible –Reí de nuevo. –Además, aquel niño se llamaba Joseph.

-Me llamo Michael Joseph Jackson. De pequeño mi padre tenía la manía de llamarme por mi segundo nombre.

No, espera. Tenía que pensarlo. Era imposible, joder….

-No te creo. –Dije con los ojos vidriosos al tiempo que me levantaba de la hierba.

-¿Qué? –Dijo incrédulo. A juzgar por la expresión de sus ojos esperaba que le creyera. -¿Por qué iba a mentirte en algo así? Sé lo importante que es para ti y te quiero. Me parece increíble que pienses que podría mentirte. –Estaba enfadado, casi tanto como cuando la prensa mentía sobre él.

Se levantó y se fue antes de que pudiera dar un paso. Me dejó sola en medio de la oscuridad y tuve que intentar buscar el camino de vuelta a la mansión de Michael… Pero no lo encontré. Caminé durante lo que calculo que sería una hora y me caí. Tropecé con algo y rodé por una ladera. También es mala suerte… Quedé inconsciente y no recuerdo nada más hasta que desperté en el hospital.

*Michael.

Estaba dolido. No me podía creer que Sheila pensara que todo aquello era mentira. ¿Es que no lo veía? Era tan obvio… Me fui y la dejé allí sola. No me di cuenta de que era estúpido dejarla en medio de la nada por noche. Por mucho que me hubieran ofendido sus dudas la seguía queriendo y podía pasarle cualquier cosa…

Después de hora y media reaccioné y decidí salir a buscarla.

-Harry, coge unas linternas. –Le dije a mi mayordomo. Aunque no me gusta llamarlo así…

Me recorrí todo el parque y los alrededores gritando su nombre a pleno pulmón. Incluso por un momento perdí la esperanza de encontrarla… Entonces la llamé al móvil. No lo cogía, estaba poniéndome nervioso.

-Señor, creo que deberíamos volver a casa. Se está…

-Shhhh. –Interrumpí a mi acompañante. -¿Has oído eso?

-¿Oír qué?

-Me ha parecido oír un teléfono.

Avancé unos pasos intentando reconocer de dónde venía el sonido, haciendo el menor ruido posible y llegué hasta una ladera, el final de mi terreno. Alumbré hacia abajo con la linterna y la vi. Su cuerpo estaba tendido en la tierra del suelo, s eme inundaron los ojos de lágrimas.

-¡Sheila, Sheila! –Grité mientras me tiraba por la ladera para caer a su lado y zarandearle. –Harry, llama a una ambulancia ahora mismo.

La cogí como si fuera un bebé, sólo que su rostro no mostraba la paz de un niño durmiendo… Más bien parecía tener pesadillas.

Esperé impaciente y con el corazón en un puño hasta que llegó la ambulancia y luego fui con ella hasta el hospital, agarrándole de la mano en todo momento.

jueves, 1 de septiembre de 2011

12. "Dulce despertar."

Un enorme parque de atracciones se extendía hasta donde podía ver. El tiovivo, la noria, una estatua de unos niños corriendo, y mil cosas más que jamás olvidaré. Michael me miraba, esperando que dijera algo.

-Yo…

Y sin dejarme tiempo a decir nada más empezó a correr arrastrándome de un brazo. En más de una ocasión tropezamos y estuvimos a punto de caer al suelo pero la agilidad de Michael nos salvó. Si, la de Michael, porque yo era bastante enérgica y esas cosas pero en aquel momento estaba embobada. Todo parecía un sueño. Pero no un sueño soso, sin sentimiento, sino uno de esos sueños rosa, ese color que tanto odiaba. Sueños como los que me hacía vivir y sentir Mark, como los que creí que jamás volvería a soñar.

Montamos en todo lo que pudimos. Si, montamos en todas las atracciones. Como si fuéramos dos niños cumpliendo un sueño infantil y divertido. Volví a mi infancia y soñé despierta con los ramos de flores que recogía para mi madre de pequeña, tan grandes y con un olor tan dulce… Me imaginé comiendo algodón de azúcar, cruzando una nube, sumergiéndome en el mar, acariciando a un animal peludo… A Sidor, besando a alguien, compartiendo secretos con una persona especial… Sé que todo esto suena muy cursi, es más: es muy cursi. Pero realmente todo aquello era como un sueño rosa y los sueños rosas son cursis por naturaleza.

-Sheila, ¿me estás escuchando? –Dijo Michael mientras caminábamos por la hierba, irrumpiendo en mi mente.

Ya había anochecido y el parque estaba iluminado por las luces de las farolas y de todas las atracciones.

-¿Hm? No, lo siento. –Sonreí. –Repite, por favor.

-No, da igual. –Dijo triste.

-Repítelo o morirás a base de cosquillas –Dije acercándome a él con las manos como garras. Sabía que aquello le haría reír.

-A, ¿sí? –Me retó.

Entonces me abalancé sobre él y los dos caímos al suelo. La hierba estaba fresca y el silencio de la noche sólo era interrumpido por los gritos de socorro de Michael, ya que nos habíamos alejado lo suficiente del parque como para no oír el sonido mecánico que desprendía.

-Para, por favor. Para ya. –Gritaba Michael entre carcajadas descontroladas.

Paré y me tendí en la hierba para respirar un poco.

-Bueno, ¿me vas a decir lo que era o no?

-Se me ha olvidado –Admitió con una gran sonrisa en el rostro.

Y le creí porque no tenía motivo para mentirme, sé que a él le daba igual tener que repetirlo.

Giró sobre sí mismo y quedó acostado de lado. Yo hice lo mismo y quedamos frente a frente.

-¿Sabes que tienes unos ojos preciosos?

-Bueno, algo he oído… -Bromeé.

-No, en serio. Me encantan. –Y se acercó un poco más a mí. Si fuera cualquier otra persona habría hecho algo, pero Michael desprendía una magia imposible de controlar.

No me importaba que se pegara a mí, incluso me daría igual que me besara. Porque en el fondo lo deseaba.

-¿Y qué más te parece precioso de mí? Si es que hay algo más… -Dije muy suave.

-Pues tus labios son como la primavera, de una irresistible belleza. Y tu sonrisa hace que sonría. Me dan ganas de acariciarte sólo con verte y de saber cuál es la textura de tu pelo. –Era una declaración de amor, hablaba en serio.

-Pues hazlo, acaríciame. –Me escuché decir.

Entonces sentí cómo la cálida mano de Michael se posaba sobre mi mejilla y descendía hasta mi cuello, agarrándolo con una suavidad increíble. Me sorprendí a mí misma acercándome hasta sus labios para fundirnos en el beso más tierno que jamás pude sentir. Nuestro primer beso. Luego vino el segundo, más apasionado. En este dejamos que nuestras lenguas fueran por libres y jugaran la una con la otra.

Nos separamos un poco y me di cuenta de que Michael tenía su mano en mi cintura.

-Oye, pequeña. Quería hablar contigo. –Dijo solemne.

martes, 30 de agosto de 2011

11. "Buenos días, mundo."

Abrí los ojos y miré el despertador. Todavía faltaba una hora para que sonase pero me levanté, impaciente porque empezara aquel día.

Cogí un pantalón y una camiseta negros y me metí en el baño. Después de ducharme y vestirme salí al salón y miré por la ventana cómo nevaba. Era diciembre de 1989 y hacía u7n día precioso, la nieve lo cubría todo y los pájaros parecían cantar alegres. Un rayo de sol se colaba por entre dos nubes que estaban muy juntas: rozándose, queriéndose.

Hacía un mes que había empezado mi “rehabilitación” junto a Michael y la verdad es que me iba realmente bien. Michael era un gran pensador y conseguía que siempre entrara en razón y lo viera todo de otra manera, por muy tozuda que me pusiera. Mi carácter se había estropeado cuando pasó lo que pasó, se había cerrado. Michael había conseguido que fuera más dulce, no más inocente, pero sí que me abriera y no fuera tan desconfiada. Sin embargo no creo que pudiera cambiar mi forma de vestir, ya que me había acostumbrado al negro, y aunque a él no le gustara ahora ese era mi color. Lo que me había costado mucho era aprender a hablar, por llamarlo de alguna manera. Aprender a dar opiniones y expresar lo que siento y deseo. Después de haber pasado tanto tiempo sin hablar sobre mí misma era complicado hacerlo de un día para otro.

Ese día estaba contenta porque Michael me iba a llevar por primera vez a su casa: Neverland.

Admito de Michael me cautivaba al hablar así que la curiosidad me llevó a comprarme uno de sus CD’s, Thriller. Y me convertí en una adicta a ese néctar tan dulce que era su voz. No me parecía humano, realmente era como un ángel.

Me recogió en la puerta de mi casa y cuando nos bajamos del coche preguntó:

-¡Tachán! ¿Qué te parece?

-Oh, Michael. Esta portada es preciosa. –Bromee haciéndole ver que era absurdo preguntarme qué me parecía si ni siquiera había abierto la entrada.

-Idiota. –susurró sonriendo.

Entonces abrió la verja y, aunque sólo pude ver el jardín delantero, me quedé boquiabierta. Aquello era precioso, indescriptible. El lugar estaba inundado de pura inocencia.

-Ven. –Me arrastró por el brazo y llegamos a la puerta de la casa, pasando por entre el reloj gigante hecho con setos del patio. Tocó el timbre.

-Michael, esto es…

-Shhh –Me interrumpió- No digas nada.

Un mayordomo abrió y Michael me llevó corriendo al piso superior y entramos en una habitación que había sido preparada para la ocasión.

Había un montón de camas, todas pegadas entre sí. No cabría ni una más. Michael entró y empezó a saltar con mucha energía sobre las camas.

-He pensado que como bienvenida no estaría mal algo divertido. –Explicó.- ¿Te apetece una guerra de almohadas?

-Te advierto de que a guerra de almohadas no me gana ni Dios –Le dije antes de subirme a una cama y empezar a golpearle con un cojín.

Después de pegarle una verdadera paliza nos dejamos caer y descansamos hasta que nuestro pulso volvió a ser normal.

-Tenías razón. Nunca pensé que encontraría a alguien mejor que yo en esto. –Admitió riendo.

Me enseñó toda la casa. Y le llevó su tiempo porque aquel sitio era de todo menos pequeño. Me parecía fascinante, cualquier niño querría vivir allí y daría lo que fuera por hacerlo. No me voy a molestar en describirlo porque seguramente mucho de vosotros ya sabéis cómo es y me resultaría muy difícil. Sólo diré que a mí, que estuve allí, me producía una paz interior y un placer dulce que no he vuelto a sentir en ningún lugar. Aunque quizá era por la compañía…

-He dejado lo mejor para el final.

-¿Lo mejor? O sea, que hay algo mejor que todo esto. –Dije abriendo los brazos.

-Sí, y te va a encantar. –Dijo sonriendo.

Corrimos hasta un cochecito y Michael arrancó. Nunca me lo imaginé conduciendo… Pero era realmente divertido.

Cuando llegamos y paró el coche comprendí por qué era lo mejor. No me moví del coche hasta que noté que Michael tiraba de mi brazo para que me bajara, como había hecho durante todo el día. Parecía un niño con zapatos nuevos, estaba encantado de que estuviera allí viendo todo su mundo y yo estaba encantada de verlo. No pensé que una persona pudiera tener un mundo tan grande en su propia casa. Todo lo que había visto era sensacional, pero aquello…

sábado, 20 de agosto de 2011

10. "Se lo conté todo."


Me paré a pensar y vi la cara de Michael en mi mente, por primera vez en dos años me fijaba en el rostro de la persona que se había encargado de mí durante todo el tiempo que había pasado después de la muerte de Mark. Y por primera vez en dos años dejé de pensar en mi novio muerto por unos segundos.
Centré mi atención en los labios y en los dientes de Michael, en su sonrisa en general que extrañamente me resultaba familiar, como si la hubiera visto en otro lado, hacía años. También creí haber visto sus ojos, pero de una manera diferente. No como los ojos apagados por el llanto que me observaban en sus largas visitas, sino como algo alegre y lleno de vida. Unos ojos que podían hacer que te sintieras en casa dondequiera que estuvieras.
Rápidamente me quité aquellas estúpidas ideas de la cabeza, estaba segura de que si hubiera visto a una estrella del pop me acordaría, aunque no me gustara su música. Ese era otro tema, hasta ese momento no me había importado lo más mínimo que Michael fuera tan famoso pero, ¿cómo podía estar tan tranquila cuando un ídolo de masas era prácticamente mi criado? Había visto lo que llegaba a hacer la gente por él y me parecía increíble. ¿Por qué tanto escándalo? Sólo era una persona normal y corriente, o eso me parecía a mí. Creo que al ser su confidente y al conocerle tan bien en sólo dos años, para mí él no era más que un chico que quería un poco más de libertad. Y lo realmente increíble era que pudiera saber tanto de él cuando que casi nunca hablábamos, y cuando lo hacíamos era porque él tenía problemas y necesitaba alguien para desahogarse. Por lo que me había contado, yo era lo más parecido a un amigo que tenía. Y yo ignoraba sus palabras, era tan egoísta que sólo pensaba en lo mal que lo estaba pasando yo, pero ¿y los demás? Michael me había contado que decían mentiras de él en todos los medios de comunicación. Mi desprecio hacia él por no haberme dejado morir nunca me hacía pensar que le odiaba y eso me llevaba a no hacerle caso. Pero ¿cómo podía odiar a la persona que lo habría dado todo por mí en los últimos años? Había dejado incluso de grabar su nuevo disco para poder darme todo su tiempo, porque creo que quería que estuviera bien. Tanto como lo hubiera querido Mark.
Entonces sonó el timbre y tuve que abrir. Ya aclararía todas las dudas en otro momento.
-Hola, Shei… - Michael parecía agotado.
-Hola, Mike. – Le saludé sonriendo.
Si, sonreí por primera vez en dos años. Pensé en Michael y en lo cansado que parecía y creí que una sonrisa quizá le ayudara a sentirse mejor. Me miró con los ojos como platos y una leve pero notable sonrisa se dibujó en sus labios.
-Pasa, anda. Parece que va a llover.- Le invité a entrar.
Cabizbaja entre en la casa seguida de Michael y nos sentamos en el salón, nuestro lugar de reunión. Cada uno en un sillón, nos miramos.
-¿Qué tal estás? – Me preguntó Michael.
-Me cuesta responder a eso. Hace dos años que casi no hablo y mucho menos que le cuento cómo me siento.
-Pequeña, creo que sería bueno que te abrieras un poco… Por el bien de los dos. No quieero forzarte ni mucho menos, pero no me gusta verte así…
Para esto yo ya había desviado mi atención a su rostro y cómo no, a su voz. Después de dos años de largas charlas por su parte me acababa de dar cuenta de que su voz era como una poesía.
Me abalancé hacia él y le abracé. Empecé a llorar en su hombro, por fin una manera digna de desahogarme.
-Michael, haz que pare, por favor. Haz que pare.- Supliqué sin dejar de llorar.
-Lo siento, princesa… - Entonces me apretó con más fuerza, como si se abasteciera de abrazos y ese fuera el primero en mucho tiempo, como si lo hubiera estado esperando durante años.
Hablamos, por primera vez mantuvimos una conversación abierta y yo le hablé más de lo que hubiera hecho jamás. Le conté todos mis sentimientos, no hacia él, obviamente. Aún no tenía ningún sentimiento más que la extraña sensación de que ya conocía todo aquello. Michael me escuchó. Inmóvil, incrédulo pero ante todo bello.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

9. "Dos largos años".

Dejé la nota en la mesa y cogí el teléfono con miedo a lo que pudiera encontrar en la otra línea. Era mi madre que, muy disgustada a la vez que enfadada, me pedía una explicación por lo sucedido. Ovbiamente discutimos, ella me dijo que aunque acabaran de darme una noticia tan terrible como era la muerte de Mark no tenía derecho a comportarme así, y yo le dije que me dejara en paz, que era mayorcita. Cuando nuestra pequeña pelea acabó yo ya estaba llorardo y alcolgar desconecté el teléfono para que nadie más me molestara. Con todo aquello me olvidé de la nota y se quedó allí, encima de la mesa, mientras yo me duchaba y me ponía un pijama, aunque fueran las doce del mediodía. No tenía hambre, todo aquello me había quitado el apetito, así que me senté en el sofá y encendí el televisor. Lo miro, pero no lo veo, pensaba en otras cosas, en demasiadas a la vez. Al rato me quedé dormida y cuando me desperté miré el reloj que reposaba apoyado el una de las paredes de mi salón y vi que eran las cinco de la tarde. Aún seguía cansada pero me levanté para ir a baño y me detuvé al ver el sobre amarillo con mi nombre que descansaba encima de la misma mesa con el mismo jarrón lleno de las mismas flores, un ramo preparado por alguien. Abrí el sobre y dentro encontré una nota escrita por Michael. En ella decía que había sido él quién se había ocupado de cuidar las plantas y de alimentar a Sidor. Que me visitaría para ver cómo estaba y que lo sentía mucho.

No quería que me visitara, ni que lol sintiera. Con rabia tiré la nota y entré en el baño. Cuando salí de este volví al salón y me sienté de nuevo en el sillón, apagué la televisión y miré directamente a la pared color vainilla para echarme a llorar de una forma desconsolada.

A partir de ese día mi mundo se fue rompiendo más cada minuto que pasaba. Lloraba a todas horas, no salía de casa y apenas comía. Pasaba los días deambulando, como si fuera un zombie, con los ojos hechos un mar de lágrimas. La bata de invierno se había convertido en mi uniforme, incluso en verano, y la tristeza en mi teoría de la vida. Parecía un saco de huesos y mis ojeras decían lo poco que dormía. Intenté suicidarme muchas veces pero Michael siempre llegaba en el momento justo para detenerme, como si supiera cuándo lo iba a hacer. Yo le trataba con desprecio porque quería morir, sólo eso, porque ya no tenía una razón para vivir. Y a él le afectaba mucho mi estado, lloraba por mí y siempre intentaba ayudarme en todo. Sé que lo pasó muy mal por sus ojos, llorosos y cansados. La alegría que según Mark le caracterizaba había desaparecido, y todo por mi culpa. Pero no lo entendía, ¿por qué le afectaba tanto? Hacía poco que nos conociamos y se preocupaba más por mí que el orgulloso de mi padre, el cual no había querido saber nada de cómo estaba después de lo ocurrido en el hospital. Sin embargo, Michael y mi madre, ambos por separado, me visitaban amenudo y me preparaban comidas que yo tiraba a la basura en cuanto ellos salían por la puerta.

Así pasé dos largos años, hasta ya casi ni recordar por qué sufría tanto. Pensé, pensé mucho y caí en algunas conclusiones, como en la de que no podía estar lamentandome toda la vida. Estaba segura de que a Mark no le hubiera gustado verme así, que hubiera hecho todo lo posible porque estuviera bien, como lo había hecho Michael. Pero tan pronto como lo pensaba dejaba de cobrar sentido, no podía deja de sufrir por un trozo de mi vida.

Entonces mi mente se fue por las ramas y empecé a visualizar a Michael, y a darme cuenta de cosas que antes ni se me hubieran pasado por la cabeza. De cosas por las que me odiaría toda la vida, cosas muy familiares. Y no, no estaba enamorada de aquel ángel de la guarda.






Ya sé que el capítulo es corto... Lo siento, pero el próximo será más largo ;) Ya os dije que no podría escribir muy seguido y siento no haber subido sino uno en todo el puente.

Gracias a los que leen y comentan, de verdad. Muchos besos, Sheila.

sábado, 30 de octubre de 2010

8. "Es mi desición."



Michael volvió a entrar, esta vez seguido de mis padres. Se veían distantes entre ellos como si no quisieran tener nada que ver uno con otro.
Mi madre se abalanzó a mis brazos como una histérica, y mi padre me besó la frente. No lloré porque no les echaba de menos, porque me daba igual que hubieran venido. En aquel momento solo importaba Mark, nada más. Michael observaba la escena desde una esquina de la habitación, con los ojos irritados por el llanto, y yo me preguntaba por qué mis padres no estaban alucinando al ver que una estrella del pop se había encargado de su hija. Pero tampoco le di muchas vueltas, supuse que eran cosas de padres...
No voy a explicar el momento porque creo que os lo imaginaréis: Mi madre preguntándome todo el rato cómo estaba, mi padre contándome cosas sobre la familia, Michael inmóvil en la misma esquina y yo... Yo me iba a morir de desesperación. Sólo quería estar sola y creo que Jackson notaba eso. Lo que más me llamó la atención fue que en varias ocasiones mi padre miró desafiante a Michael y este sólo pudo sostenerle la mirada. Eso me extrañó muchísimo pero tampoco le di importancia, mi mente estaba en otro sitio.
-Sheila, nos podemos ir cuando quieras... Yo te esperaré en la limusina.- Dijo Michael interrumpiendo a algo que decía mi padre.
-¿Qué? No, perdón pero mi hija no ira contigo. Nosotros la llevaremos a su casa.- Respondió mi padre alterado.
-¿Qué? ¿vas a estar esperando en la limusina hasta que baje?- Ignoré el comentario de papá.
-¿Es que no me has oído? Tú te vienes con nosotros.
-Papá creo que soy mayorcita para decidir con quién voy y con quién no. Y tú no pintas nada en esa desición. -Quería guardar la calma pero entre los acontecimientos de días anteriores y que mi padre siempre conseguía sacarme de mis casillas...
-Chicos, por favor... -Mi madre con su absurda sensiblería ya había empezado a llorar por la discusión.
Mi padre parecía indignado pero yo me levanté y salí por la puerta arrastrando a Michael por un brazo. En dirección me dieron mi ropa, me cambié y firmamos los papeles necesarios.
-Lo que has hecho no ha estado bien.- dijo Jackson mientras arrancaba la limusina.
-Me da igual... Quiero ir a casa.
-No puedes tratar así a tu padre sólo porque la niña caprichosa quiera irse a casa.- Michael parecía enojado.
¿Niña caprichosa? Quise decirle mil cosas pero me faltaban las fuerzas y opté por el silencio.
-¿No has visto cómo te miraba mi padre? ¿Ni cómo te ha hablado? Como si te conociera de toda la vida.
Michael no dijo nada, se limitó a mirar por la ventana. Le di mi dirección al conductor y él me llevó hasta mi casa. Cuando me bajé del coche entré en casa sin mirar siquiera la limusina, sin despedirme. No acaricié a Sidor, no le saludé después de tanto tiempo, ni me preocupé por quién se había encargado de él. Sólo entré y vi la nota que había en la mesa del comedor. Cuando la estaba abriendo sonó el teléfono...

lunes, 11 de octubre de 2010

7. "Incómoda sensación."


Otro sueño. Me desperté empapada en sudor y de un salto bajé de la cama. Había vuelto a soñar con Mark y no fue diferente a las demás veces. Cada noche revivía un poco más del accidente, y no me resultaba agradable ya que aún no sabía nada de “mi acompañante”. Esa tarde se suponía que tenía que tenía que venir Michael y decirme lo que había descubierto, pero se adelantó.
El día anterior tuve que volverle a explicar el modo en que me sentía y al oír por segunda vez la expresión “Una extraña en Moscú”, se despidió y se fue pálido como las paredes de la habitación. Creo que eso fue lo que hizo que prefiriera averiguar el estado de Mark por la mañana y no por la tarde. Cuanto antes mejor.
Miré el reloj, eran las 10:30 de la mañana. Eso quería decir que había dormido un montón puesto que me había acostado nada más irse Michael. Me imagino que la enfermera se dio cuenta de que no dormía bien y me suministró morfina.
-¿Sheila? – Vi como entraba Michael.- ¿Estás despierta?
Extrañamente me desveló su tono suave. Sabía que traía la información.
-Sí, más que eso. ¿Qué has averiguado?- Dije abriendo los ojos.
-Tranquila pequeña. ¿Has dormido bien?
“¿Pequeña?” Me sonaba. ¿Quién me llamaba así? Seguramente sería mi padre, él utilizaba apodos como pequeña o princesa.
-Más o menos. He vuelto a tener una pesadilla.- Parecía que en una semana se había acostumbrado a mis pesadillas como si las conociera de toda la vida.- ¿Y bien?
Estaba muy raro, como si no hubiera dormido en toda la noche. Miré sus manos me di cuenta de que tenía unas pequeñas manchas. ¿Vitíligo? No me lo había contado, pero no iba asacar el tema. Quizá le molestaba, además, eso desviaría la conversación.
-Sheila, como ya habrás imaginado no traigo buenas noticias…
No, no me lo había imaginado. Veía más posible que estuviera mal por asuntos familiares que trajera malas noticias. El aire estaba tenso, frío e incluso cortante, y mi cara era un interrogante.
-He hecho lo que me has pedido, he preguntado por él y bueno… -Parecía no saber cómo decirlo, buscaba las palabras en las paredes, como si allí esperara encontrar realmente una respuesta. – Me han dicho que después de pasar cinco días en coma ha muerto. Ayer por la noche.
Empezó a llorar, más por tener que contármelo él que por el hecho en sí. Yo estaba paralizada y en milésimas de segundo pensé que mientras hablaba tranquilamente con Michael, mi novio moría. El corazón que había hecho de mí la persona en la que me convertí, dejaba de latir. Y el ser que más quería en el mundo, el que me dio la verdadera vida dejaba esta vida.
Entonces yo también lloré. Lloré con mi alma, como no lo había hecho nunca. Lloré por cada segundo. Pero lloraba gritando, con rabia. ¿Por qué no me habían dicho nada? Los odié por eso, y los odiaría toda mi vida.
Michael intentó darme la mano pero yo la aparté bruscamente y me levanté, dispuesta a salir de allí y plantarme delante de quien fuera para pedir una explicación. Un por qué lleno de lágrimas.
Ya en la puerta, con la mano en el pomo, Michael me detuvo.
-¿Qué haces? Déjame en paz. –Le dije intentando zafarme de él.
-Sheila, tranquilízate ¿quieres?
-¿Que me tranquilice? – Contesté gritando.- ¡Tú no has perdido a la persona que amas! Déjame salir.
-¿Y qué pretendes hacer cuando salgas?
Parecía dolido, quizá por mi comentario pero tenía razón. No lo sabía. Guardé silencio y dejé que me llevara a la cama.
-Sheila, me han dicho que estás bien y que puedes irte. Yo puedo llevarte a tu casa si quieres.- Me ofreció secándose las lágrimas.
-Si…- Respondí en shock. No pensaba lo que decía, ni siquiera le había escuchado.
Tocaron la puerta y Michael fue a abrir dedicándome una mirada tranquilizadora.




NOTA: Siento mucho la tardanza, pero mucho eh! Gracias a los que comentáis y a los que no lo hagan y lean la novela que comenten, por favor. Porque me gusta que comentéis y también quiero saber si os gusta o no y si hay algo que os disguste, etc. Bueno, lo típico. Que gracias por seguir y que no se me da muy bien dejar intriga u_u' Pero, ¿habrá algo que se me de bien? xD Besos, Sheila.

domingo, 3 de octubre de 2010

6. ¡¿MICHAEL JACKSON?!


Los días siguientes fueron normales. Todo lo normales que pueden ser cuando tu novio y tú habéis tenido un accidente y no sabes nada de él. Aquel chico no volvió ha aparecer, y mientras yo preguntaba a cada enfermera que entraba en mi habitación que cómo estaba Mark. Nadie respondía. Empecé a pensar que quizá era un sueño, que no era real. o que todos estaba contra mí, que tenían algo que ocultarme y que el chico del otro día era uno de ellos.
Ya podía caminar y valerme por mí misma pero no me dejaban salir de la habitación. Lo tenía prohibido y mi puerta siempre estaba cerrada.
Me levanté para entrar en el baño de la estancia y tomar una ducha. Tenía que quitarme todas aquellas ideas estúpidas de la cabeza. Me duché tranquilamente y con agua caliente, necesitaba relajarme. Cuando terminé salí y me acerqué a la ventana aunque, como ya había averiguado, el chico tenía razón: No había más que camiones por todos lados. Pero era agradable sentir el viento bailando entre mi pelo húmedo.
Estaba mal. La impotencia me mataba, el no saber nada de Mark y no poder salir de allí era abrumador. En mi mente llovía, como aquella tarde. Y quería hablarle de todo aquello a alguien, desahogarme y contarle el dolor tan intenso que se apoderaba de mí. En los últimos días había llorado mucho y me escocían los ojos.
En ese momento salí de mis pensamientos: alguien intentaba abrir la puerta.
-¿Quién es?- Pregunté estrañada de que no supieran que había que coger la llave.
-Soy yo.
¿Yo? Creí reconocer la voz, era la misma del otro día.
-Tienes que pedir la llave para entrar, me tienen encerrada.- Dije mirando hacia la puerta.
No se oyó nada más hasta que aquel chico abrió la puerta con la llave y entró.
-¿Por qué te tienen encerrada?
-Creen que puedo escapar a buscar a Mark.
-¿Tu novio?
-Si. Aún no sé nada de él, nadie me dice dónde ni cómo está.-Dije apenada.
-¿Podría hacer algo yo?
"¡Bingo!"
-¡Sí! Eso te quería pedir el otro día. Tienes que ayudarme, he pensado que como eres conocido aquí y eso pues podrías averiguar algo sobre él.
-Claro que sí, eso es fácil. Pero debes esperar a mañana. La recepcionista que está de tarde me odia, no como la de mañana. Ella me adora y seguro que me dará la información que yo desee.
Me pareció bien, supuse que podría esperar a mañana.
-¡Oye! Necesito saber cómo te llamas.-Dije recordándo que no le había preguntado su nombre.
-Bueno, yo soy Michael Jackson.-respondió con dificultad- ¿No lo sabías?- Se extrañó. Pero su extraño era mas bien de decepción.
-¿¡Michael Jackson!?
Estab aalucinada. ¿Cómo no había caído antes? Por eso siempre estaba en aquel hospital para ver a los niños y donar dinero. Mark me había dicho que hacía muchas obras de caridad y que le encantaba ayudar a los demás. Yo no entendía cómo podía saber aquello si no le conocía, pero unos días antes me había dado cuenta cuando se ofrecíó a visitarme.
-¡Dios! Cuando Mark te vea se va a poner loco de contento.-Dije con una inmensa sonrisa. La primera en muchos días.
Ya no me parecía tan bien tener que esperar a mañana, quería ver la cara de Mark cuando viera al señor Jackson.
-¿Por qué lo dices?- Esta vez su extraño era más falso. Creo que sabía perfectamente por qué.
-Él es fan tuyo desde que era niño. Siempre te ha seguido, y ha comprado unas entradas para tu concierto en Los Ángeles.
-Veo que tú no eres tan fan como él.-Dijo sonriente.
-Pues no.- Reí. - La verdad es que la música no me va mucho y que no sé nada de ti. Ni te he reconocido, cualquier otro hubiera sabido quien eras desde el primer momento. Yo he necesitado que me lo dijeras.
-Que extraño. ¿Tú no ves la televisión? Estoy en todos los medios.
En ese momento me pareció un poco egocéntrico. Pero lo pasé por alto, no podía juzgarle sin conocerle...
- Ni he tocado los sudokus que me trajistes- Cambié de tema mirando la mesita de noche.
-¿Cómo es tu nombre?- Preguntó suave y comprensivo.
-Sheila.
-Sheila, ¿qué te pasa? ¿Por qué has estado llorando?
¿Cómo lo había sabido? Mis ojos, ellos me delataban. Le miré inocente, no sabía si contárselo.
-Me siento continuamente como una estraña en Moscú.- Dije con una voz leve.
Michael se quedó de piedra. Temí que no lo hubiera entendido, pero su espresión mostraba un asombro enorme. Aún así se lo expliqué.
-Un estraña en Moscú es una espresión que utilizaba un amigo mío de pequeña. Fue mi mejor amigo mucho tiempo pero nos obligaron a separarnos. Mi madre decía que no debía de estar con él, que me haría mal. Pero yo no lo entendía, era un chico magnífico. Me atrevería a decir que fue mi primer amor.- Dije sincera.-Él tenía 10 años y yo 5.
Aquel hombre ni se movía.
-Señor Jackson, ¿está usted bien? ¿Lo ha entendido?-Pregunté asustada.
-Sí, tranquila. ¿Y dices que te llamas Sheila?-Dijo pálido.

jueves, 30 de septiembre de 2010

5. "Completo desconocido y lágrimas de cristal"


-Hola...- Dijo tímidamente una voz masculina que no reconocí.
Inevitablemente aparté mis manos de la cara. ¿Quién era aquel hombre?
-Hola.- Contesté firme en mi respuesta.
-Siento la intrusión, pero he oído un llanto y quería saber si estabas bien.
-Si, no se preocupe.-Dije intentando retener las lágrimas.- Esque soy muy sensible.
-¿Ha recibido una mala noticia?
-No. Ese es el problema, no me dicen nada y esto muy preocupada.
De pronto me di cuenta de que le estaba contando mis preocupaciones a un completo deconocido, y que eso no habría pasado nunca si no hubiera conocido a Mark. Él me había dado esa confianza que me falataba. Al pensar en eso volví a llorar.
-Por favor no llores así... Se me parte el alma ver a alguien llorar de esa manera.
Casi no le escuché, lo dijo débilmente y mi llanto no me dejaba oir nada. Me dió un abrazo. Era un desconocido y hoy en día pienso y me pregunto por qué lo hizo, sin embargo en ese momento lo necesitaba más que nada y por lo tanto lo acepté.
Cuando conseguí calmarme me separé de él y vi que tenía los ojos llorosos. ¿Por qué lloraba? No se lo pregunté, temía dañarle.
-¿Por qué estás aquí?- Preguntó virando la cara para que no viera sus lágrimas de cristal.
-Yo y mi novio hemos tenído un accidente- Respondí bajando la mirada y pensando de nuevo en él.
-Oh dios, es terrible ¿Y cómo está?
-No lo sé... no me dejan verle y no me dicen nada.- Le conté con impotencia.
El chico no dijo nada, no había nada que decir.
-Y ¿tú por qué estás aquí?- Quise cambiar de tema.
-Pues estoy haciendo unas donaciones y bueno, suelo venir a ver a los niños de este hospital.
-Oh, eso es precioso.
-Bueno, lo hago por ellos.
-Si vienes amenudo como dices, tendrás influencia sobre el hospital ¿no?- Pregunté.
-Yo no lo llamaría influencia, pero conozco a todo el personal. Son muy simpáticos. Creo que los niños de este hospital están en buenas manos.
Me limité a asentir y a mirar hacia la ventana.
-Oye, ¿me ayudarías a levantar por favor? Quiero ver qué hay fuera.
-Supongo que podría, pero no verías nada...
-¿Cómo que no?- Pregunté estrañada.
-No hay más que camiones. El hospital está en obras y justo en ese lado está todo el material.
-lástima, me hubiera gustado mucho ver algún paisaje. Me ayuda a pensar.
-Espera aquí- Dijo saliendo por la puerta a toda velocidad.
Era un chico simpático, me pareció buena persona. Y había logrado que me calmara y me distrajera por unos momentos.
No pordría describirlo físicamente, no me había fijado. No estaba para esas tonterías.
Mientras esperaba a que volviera me pregunté cuánto tiempo tendría que estar allí. ¿Cuánto sin ver a Mark? Sólo esperaba que si era mucho puediera estar con él o que aquel chico me hiciera compañía, ya que iba tanto al hospital... "¡Claro!" Se me ocurrió una idea. Pero no iba acontarla así como así, esperaría el momento adecuado.
"Ese chico..." Tenía que preguntarle su nombre.
Se abrió la puerta y por ella apareció la última persona que había salido, pero esta vez traía una bolsa en las manos.
-¿Qué llevas ahí?- Pregunté sorprendida.
-¿No decías que querías algo que te ayudara a pensar?- Dijo con una sonrisa traviesa.
-No, yo lo que dije fue...
-Shh!- Me interrumpió.
Consiguió que sonriera, pero no me olvidaría de Mark y mi plan.
Abrió la bolsa y sacó un libro y un cuaderno. También había traído libros de ejercicios mentales.
-¿Me ves cara de necesitar esto?- Bromeé con el libro en la mano.
-Siempre vienen bien- Dijo guiñando un ojo.
Sacó varias cosas más y las extendió por toda la cama.
-No sé hacer Sudokus- Dije al ver los que había traido.
-¡Claro que sabes! Todo el mundo sabe.- Le miré arqueando las cejas y añadió: Pero te puedo ayudar...
-¿Ayudarme? ¿Cómo?
-Pues bueno, he pensado que como vengo seguido y tú estás aquí y me caes tan bien... -Decía sonriente- Pues que podría visitarte.
Aquello me hizo recordar que debía preguntarle su nombre .
-Me parece estúpendo. oye, me gustaría preguntarte algo...
-¡Oh dios mío! es tardísimo. Tengo que irme. Lo siento.- Dijo mirándo el reloj y fue hacia la puerta.- Si necesitaras cualquier cosa, avisame ¡eh!
-Pues la verdad es que...
-¿Podría ser mañana?-Parecía desesperado.
-De acuerdo...-Dije mientras se iba corriendo.
¿Quién sería aquel hombre?

martes, 28 de septiembre de 2010

4. "¿Dónde está Mark?"


Cuando salimos el día seguía tan radiante como lo había estado una horas antes.
Llevabamos quince minutos de trayecto y yo estaba ansiosa por ver aquel lugar tan maravilloso. De repente empezó a llover a cántaros, ¿cómo era posible? Hacía cinco minutos el sol brillaba en su pleno espendor, y las predicciones decían que el día se mantendría en esa línea.
Normalmente me encantaba la lluvia, mucho más que el sol. Pero ese día no me iba a hacer ninguna gracia que lloviera de aquella manera.
Sin darme cuenta Mark perdió el control de la moto y se fue por el carril contrario. Venía un camión hacia nosotros y lo único que recuerdo ver fueron las luces de sus faros acercándose. Supongo que quedé inconciente. Cuando desperté estaba en un hospital, había una enfermera en mi habitación.
-¡Buenos días!- Dijo alegremente al ver que estaba despierta.- Lleva durmiendo desde que llegó. Son las diez de la mañana.
- ¿Qué ha pasado?- Pregunté nerviosa mientras buscaba a Mark con la mirada.
-Usted y el chico que le acompañaba habéis tenido un grave accidente. Menos mal que el señor con el que impactastéis llamó a tiempo... Supongo que perdistéis el control de la moto en la que ibaís, con esta lluvia...
"¿Grave accidente?" Pensé.
-¿Dónde está Mark?- Pregunté asustada mientras e intentaba levantar.
-No se preocupe.- Decía deteniéndome y empujando mi cuerpo hacia la cama. -Su compañero está bien. Pero usted debe relajarse y descansar, ha recibido un fuerte golpe. Supongo que tendrá hambre, enseguida le traerán el desayuno.
No dije nada, estaba muy preocupada por Mark. "¿por qué no me dejan ir a verlo?" Me preguntaba cuando la enfermera salía de la habitación.
Quise levantarme varias veces, pero era incapaz y aunque quisiera ir a mirar por la ventana, mi cuerpo estaba demasiado débil. Si yo estaba en aquel estado no quería imaginar cómo estaba Mark: él iba conduciendo, y por lo tanto recibió el impacto de lleno. Quería no pensar en eso, pero me resultaba imposible. Si a "mi compañero", como la enfermera lo había llamado, le ocurría cualquier cosa mi mundo se desmoronaría. Él había creado aquel lugar feliz en mi alma y si él no estuviera ese rincón especial desaparecería.
Estando aún absorta en mis pensamientos, entró otra enfermera con un carrito en el que llevaba el desayuno.
-¿Cuándo podré ver a Mark?- Pregunté impaciente.
-No lo sé.- Respondió mientras dejaba el carrito junto a la cama.
-Eso ya me lo han dicho antes. Quiero una respuesta razonable, tengo que verle.- Dije en tono desafiante.
Me estaban sacando de mis casillas, ¿no se daban cuenta de que verlo era una necesidad?
-Lo siento, pero de momento es imposible.
Se marchó por la misma puerta por la que las demás enfermeras lo habían hecho.
Inevitablemente empecé a llorar con la cara empotrada en mis manos. Preguntándome qué había pasado exactamente y cómo estaba Mark. Mi yo interior sentía que se mepezaba a romper en mil pedazos, todo sin saber por qué.
Estube largo rato intentadno tranquilizarme pero cada vez que pensaba que el mar de lágrimas había acabado, otro pensamiento desagradable volvía a torturarme y de nuevo, empezaba a llorar. Me sentí como antes de conocer a Mark, que me pasaba llorando día y noche. Quizá esos momento de felicidad sólo eran un paréntesis en mi vida.
De pronto oí abrirse la puerta. No me importó, no me moví. Sería otra enfermera...

domingo, 26 de septiembre de 2010

3. "Yo por si las moscas..."


-¿Qué pasa?- Preguntó Mark preocupado.
-Pues... me he dejados las llaves en la oficina.- Le respondí decepcionada de mí misma.
-Bueno, no pasa nada. Las iremos a buscar y listo.-Dijo con su particular alegría. Parecía no afectarle nada.
Decidimos ir en su moto, pues hacía un día precioso.
Cuando tuvimos las llaves y estuvimos dentro me acordé de Sidor y supuse que estba dando un paseo, como acostumbraba a hacer. Nos servimos dos platos de pasta y al fin almorzamos en paz. Tarde pero en paz.
-Sheila, ¿conoces a Michael Jackson?- me preguntó repentinamente.
-Bueno, ya sabes que no ma va mucho la música pero creo que he oído hablar de él en las noticias. -Respondí indiferente- ¿Po qué lo preguntas?
-Pues, ya sabes que es mi cantante favorito y...
-¡Cierto! Recuerdo que me contastes algo de eso.- le interrumpí.
-...Y bueno, -continuó- En unas semanas dará un concierto aquí, en Los Ángeles, por su Bad World Tour. Y me preguntaba si te gustaría venir conmigo.
-¿Ya has comprado las entradas verdad?
-Pues sí...-Respondió con culpabilidad.
-¡Lo sabía! -me reí- Pues qué remedio. Si hay que ir se va y no pasa nada. -Dije sonriente, algo raro en mí.
Era extraño que él, siendo huerfano, se comportara de una forma tan alegre y yo, que tenía una vida llena de felicidad, sin una sola mancha, fuera tan oscura. Aunque realmente ya no lo era tanto. Después de que estaba con Mark mi vida se había convirtiendo en una arco iris, cada vez de más colores. Él me había llevado por un camino desconocido, pero amaba ese camino tan..."rosa". Y no porque fuera "rosa" sino porque él lo había pintado con sus propias manos.

De pronto apareció Sidory Mark, asustado, se levantó de la mesa para ponerse a mi lado y utilizarme como escudo.
- ¡No seas idiota! -Dije a carcajadas- Pareces un niño pequeño. ¡Ya sabes que no hace nada!
- Bueno, yo por si las moscas... -Dijo asustado.
Me levanté.
- ¿Adónde vas? -preguntó.
- Pues a darle de comer. Es un ser vivo ¿sabes? -Dije con una ligera risa.
Le puse su comida en el cuenco que estaba fuera de la casa, justo al lado de la puerta de entrada, e inmediatamente se dirigió hacia allí.
Mark y yo fuimos al salón a descansar un poco y me contó que me tenía una sorpresa. Que quería llevarme a un lugar, puesto que hacía un día tan bonito, y que me iba a encantar. Me entró curiosidad (la verdad) y quise saber adónde pensaba llevarme, pero él se negó rotundamente a decírmelo.
A las 17:00 PM nos dispusimos a salir en su moto.
¿Cómo ibamos a saber nosotros que empezaría a llover de aquella manera?

2. "Dios...Hoy no es mi día."


Mi horario era de 7:30 AM a 13:30 PM pero ese día había llegado con dos horas de retraso, por lo tanto tendría que salir a las 15:30 PM para compensar. Había quedado para comer con Mark así que le llamé para decirle que no podía ser, sinembargo él insistió.
-Mark, lo siento pero tengo que quedarme hasrta más tarde porque he llegado con retraso. Por lo tanto no podremos almorzar...
-¿Hasta cuando te quedas?- Preguntó pensativo.
-Hasta las tres y media. Pero podemos cenar juntos.
-¡¿Hasta las tres y media?! Sheila, ¿te has vuelto a dormir?

-Sí, otra vez... Soy un desastre- dije entre risas.
-¡Ya lo creo!- dijo él riendo también- Pero no importa, podemos almorzar tarde.
Pensé en lo linda que sonaba su voz, tan alegre...
-Entonces ¿quedamos en la puerta a las 15:30?
-Si, claro- respondió feliz.
-Bueno me tengo que ir. Jim se está acercando y si me ve hablando por telefóno después de haber llegado tarde esta mañana, me matará.- Dije con tono preocupado a la vez que cómico.
-¡Adiós! Oye, no deberías dejar que te tratase así, tú vales más.-Contestó serio. Su dulce tono había desaparecido.
-¡Deja eso ya!- Le dije un poco molesta- Adiós, ¡te quiero!
-Te quiero.- se despedía al colgar.
Mark y yo no queríamos retrasar la cita porque nos echabamos de menos. No nos veíamos desde hacía 5 días puesto que los dos estabamos ocupados con nuestros trabajos. Mark había estudiado arquitectura y empezado a trabajar hacía poco tiempo.
Cuando por fin llegó la hora de salir estaba cansada de ver y escuchar a mi maldito jefe, y el aire de las calles fue una bendición. Mark me esperaba en un banco del parque infantil. Justo en frente de mi edificio. Cuando le vi salí corriendo y me abalancé sobre él besándole. Realmente le echaba más de menos de lo que yo creía...
-¿Qué tal princesa?
Adoraba que me llamara así. En cualquier otra persona me parecería cursi pero él lo maquillaba de cariño.
-Escapando...-Dije de mala gana.
-Pues yo te veo estupenda- Respondió insatisfecho con mi respuesta.
-¡Eso es ahora que te eh visto bobo!- Le expliqué sacándo la lengua.
Rió dulcemente, mostrando su sonrisa.
Cuando estaba con él todo era tan... "rosa". Generalmente odioaba el rosa pero él era especial.
-Vamos...-Me indicó.
Me subí en mi coche y el montó en su Honda, una moto que le habían regalado sus abuelos por sacarse la carrera.
Nunca sacabamos el tema pero Mark era huérfano y fue criado por los padres de su madre, a los que quería con locura.
El camino no era largo pero yo ya estaba cansada y me parecieron horas. Cuando al fin llegamos a casa me di cuenta de que no tenía las llaves: Me las haía dejado en la oficina.
-Dios...Hoy no es mi día.-mascullé.
Y era verdad, ese no era mi día pero lo peor estaba aún por llegar...

sábado, 25 de septiembre de 2010

1. "Sí, señor."


Corría diciembre del año 1987. Era una época feliz para mí, ¿por qué no iba a serlo? Era invierno, mi estación preferida. Y además, estaba pasando por unos momento muy buenos de mi vida. Había conocido a un chico hacía unos años y habíamos empezado una relación estable. Mark se llamaba. Era un chico estupendo, pero no demasiado perfecto, no me gustaban los chicos con una perfeccion extrema. Era alto, castaño y de ojos verdes. Tenía 24 años, uno menos que yo. Su inteligencia me asombraba cada día más, pues era un gran pensador y filósofo innato. Siempre encontraba soluciones para todo, y conseguía alegrarme el día. Eramos polos opuestos, él tan cálido y yo tan fría. Siempre le veía algo bueno a todo, sinembargo para mí cada cosa era negativa. Pero cuando estaba con él me sentía diferente, como ya he dicho su presencia me alegraba. Él significaba mucho, era especial. No como los demás. Y bueno, no sabría explicarlo pero puedo decir que hubiera dado mi vida por él, porque el mundo necesitaba personas como aquella y no podía permitir que muriera. Si tenía que ser él o yo indudablemente sería yo puesto que no aportaba nada al mundo. Mark siempre intentaba convencerme de lo maravillosa y singular que era pero yo no le creía, o no quería hacerlo. Las personas "singulares" destacan y yo no quería eso, odiaba destacar. No soportaba cómo las personas te miran cuando llamas la atención.

*9:00 AM.
Estaba durmiendo y derrepente algo húmedo entró en contacto con mi mejilla. Me desperté y vi que mi perro, Sidor, me estaba pasando la lengua por toda la cara.
- Maldito perro...-mascullé.- Debió de haberse quedado dentro anoche, cuando cerré la puerta...

Miré mi despertador y me quedé petrificada. ¿Por qué no había sonado? Seguramente me habría olvidado de ponerlo, no era la primera vez que me pasaba.
Rápidamente me levante y me puse lo primero que encontré. Luego me encajé mis zapatillas y me pasé las manos por el pelo para adecentarlo. Salí a la calle y el perro conmigo, cerré la puerta y me monté en mi Wolsvagen. Era un coche de segunda mano pero lo adoraba. Me lo había comprado mi padre cuando me saqué el carnet de conducir. De eso hacía ya unos años...

Yo vivía en la montaña, en una casa de estilo rústico, bastante grande para mi sola. Sidor era un pastor Garafiano, por lo tanto se quedaba fuera. Estaba bastante bien enseñado, era un perro educado y no ladraba a las visitas. Sin embargo protegía la casa que, al estar aislada, era objetivo de ladrones. El perro era grande, por lo tanto impresionaba. Sobre todo si te fijabas en sus enormes colmillos, pero era muy cariñoso.
Mark y yo aun no vivíamos juntos porque yo consideraba que era pronto. Él vivía en un piso en la ciudad, cosa que yo odiaba, por eso soliamos quedar en mi casa. A Mark le daba miedo Sidor, decía que nunca se sabe cómo podía actuar. Pero yo estaba segura de que no pasaría nada.


Llegué al lugar en el que trabajaba. Yo era secretaria de Jim Parker dueño de una gran empresa de hoteles de Los Ángeles. Jim era un hombre muy exigente con el trabajo y ambicioso. Lo más que deseaba era el dinero. Tenía mujer, pero yo no me explicaba cómo alguien podía amar a una persona como Jim.
-¿Qué horas son estas de llegar?- Me reprendió.- ¡Esto es un trabajo serio!
-Lo sé señor, pero es que el despertador no ha sonado y bueno, he venido lo antes posible- intenté explicarle.
-¡Sabes que no me valen tus malditas excusas! ¡Ponte a trabajar!
-Sí señor.- Dije arrepentida.

Tenía mucho papeleo que me había encargado Jim como castigo pero más tarde ese infierno habría terminado y Mark vendría a buscarme.